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Madrid y sus Paseos


Una muestra del paisaje y costumbres de Madrid. Del libro de Fernando Chueca El semblante de Madrid, escrito en 1953, y reeditado en 1991.

 

“Un capitulo importantísimo de la vida social lo constituían antes los paseos. Hoy la función social del paseo está desapareciendo y solo va quedando en las capitales de provincias. Todavía he conocido paseos en Madrid, aunque mi radio histórico es pequeño. He visto pasear por la  Castellana a los últimos coches y a pie a los jóvenes elegantes, a temporadas por una acera  y a temporadas por la otra, y he conocido el paseo de caballos, en una calzada separada por setos de aligustre. El lado de la derecha era el preferido de los novios formales, que tenían la inestimable prerrogativa de sentarse al margen, orilla al asfalto, en unos compartimentos transversales como departamentos de ferrocarril, formados por sillas de hierro municipales.[…] He conocido también los paseos de Recoletos, de gente menos elegante y más mezclada, los paseos de mantillas y militares en Jueves y Viernes Santo, cuando todo Recoletos se cerraba a la circulación y era un inmenso río humano sobre el que sobresalían las peinetas, manteniendo un nivel casi constante, pues las mujeres más chiquitas llevaban las más grandes. Recuerdo los paseos mañaneros del Retiro, muy concurridos los domingos. Parece que hubo un cierto intento de establecer el paseo en automóvil. Pronto se vió que resultaba imposible. […]Al anochecer se formaba otro paseo en la calle de Alcalá, en la acera del Casino, entre la Puerta del Sol y Peligros. Resultaba un paseo multitudinario y un tanto desgarrado, donde se quemaban los últimos cartuchos del piropo; paseo denso y mezclado, cargado de electricidad erótica; paseo de estudiantes y horteras-precursores del gamberrismo- de modistillas y de criadas presumidas..

Un paseo barriobajero, chulesco y desenfrenado, era el que se establecía por la calle de Calatava; a él acudían los chavales y las chavalas del barrio[..] [y] grupos de activistas decididos y de malísima catadura. Tomó este paseo un giro peligroso y hubo de intervenir la autoridad.

Cuando los cines de la Gran Vía alcanzaron su esplendor, la salida de los espectadores constituyó un verdadero paseo. La gente bajaba hacia Alcalá, camino de sus casas, pero en llegando al Fenix volvía otra vez hacia arriba. Los estudiantes, al terminar de repasar sus asignaturas en las pensiones de las calles céntricas, bajaban a la Gran Vía y cogían a contrapelo la corriente para ver salir a las chicas de los cines.

También en Rosales se formaban diversos paseos ,cara a la lejanía serrana, frente a las frondas jóvenes del Parque del Oeste.Aquel primer término se mantenía por puro artificio entre los encinares del Pardo y los inquietantes descampados de la montaña del Príncipe Pío. Tierra quemada y abstracta.[…] Las niñas de Arguelles, como era natural, no se aventuraban por los parajes despoblados que constituían la faz tenebrosa del barrio. Sus reinos eran el pulido asfalto del Paseo de Rosales, y las praderas del Parque del Oeste. Eran las patinadoras y las ciclistas que daban al paseo su aire elegante. Se convertirían al poco tiempo en los personajes de aquel paseo provinciano de parejitas que, a la hora del mediodía, y en los atardeceres, se formaba en la acera del balcón del Paseo de Rosales.[…]

En la Plaza Mayor el paseo era estático, pueblerino y militar. Los sorchis carirredondos y colorados, apuraban los últimos minutos antes de coger los tranvías de la Puerta del Ángel y Campamento; los tranvías que comunicaban la ciudad civil y la ciudad militar.”

 

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julio 19, 2007 - Posted by | Paisajes de Madrid, Paisajes y culturas

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