Otras Lenguas, Otros Paisajes

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Horas de Junio en México .Por Luciana Garcés.


Acepto regresar a Sonora, a las Horas de Junio, porque Raúl Savin, Jeff Durango en algunos de sus libros, sabe como convencerme. Pincha mi orgullo enviándome una invitación en la que me titula de “maestra”, como si de verdad yo fuera alguien importante, que enseña y él fuera uno de los ansiosos alumnos que veo, cuando estoy en tierras mexicanas, saludando a sus mentores, a sus maestros.

Me pincha con el señuelo de intervenir, leyendo mis versos, en el homenaje que el XII Encuentro Internacional de Escritores Latinoamericanos ofrecerá al poeta, revolucionario y sacerdote excomulgado Ernesto Cardenal. Pienso que llevo tres años alejada de ese retiro espiritual que es la fiesta de la palabra y de todo lo que la rodea: recitales, presentación de libros, voces nuevas, amigos y yodo bañado por el calor sofocante y los ríos de cerveza que se desbordan de los barriles…

La segunda llamada de atención me llega a través del correo de Josefina Sabucedo, nuestra Pina y su Bruno. Me pide el currículo y una fotografía “porque los medios de comunicación tienen interés en esos escritores que vamos de otros países”. Le pregunto si quiere algo de España y le mando un somero resumen de mis cosas. Su contestación es de las que dan calor, me espera a mí y me dice que también acudirá el subcomandante Marcos, para leer sus poemas eróticos… No me lo creo, pero la posibilidad me parece un aliciente más para ir, ahora sólo queda organizarse. Perderé los dos primeros días, las elecciones municipales no perdonan, pero son los días dedicados a recibir a los 200 que hemos confirmado que acudiremos al evento, y a las intervenciones de los más nuevos en estas lides. A partir del 30 de mayo ocurrirá de todo.

Una vez decidida la partida tengo que renunciar a otras cosas, por ejemplo: ir a la Feria del Libro en Sevilla.

No tengo tiempo para trabajar, seleccionar material para llevar, y escoger ropas ligeras _me prometen una temperatura superior a los 40 grados_, no olvidar el bañador, aunque no lo use, almacenar libros para regalos e intercambios, y pequeños presentes para algunos amigos.

Insisto en el día y hora en que llegaré, a medianoche del 29 de mayo tras haber pasado 26 horas de ese eterno día en aeropuertos y aviones. Logró facturar el equipaje desde A Coruña a Hermosillo y me dispongo a afrontar los tres vuelos que me llevarán a unos quince mil kilómetros de casa, al desierto.

Prometí que si regresaba recitaría Volver a Vícam, ese poema yaqui anónimo encontrado un día por Savín escrito en un papel que volaba solitario, y voy aprendiéndomelo. Tengo tiempo de sobra.

“Volver a Vícam

Parece que no habrá nada más tierno,

que este volver a Vícam.

Llegar con el amor iluminado por años y distancias.

Decir: ésta es la tierra, éste es el aire

y éste el río del cuento.

Recuperar las voces salpicadas de burlas familiares;

reasumir la niñez en el dormido sabor de esta naranja,

y este olor que es casi de muchacha de savia y de panales

que sólo dan árboles autores de nuestro propio canto.

Porque volver a Vícam es ir de madrugada a los trigales

para espantar los pájaros bisnietos de aquellos que espantamos;

los sueños, alegrías y peligros de los antiguos campos.

Parece que tendrá mucho de triste

nuestro volver a Vícam.

Hallar que el calendario no era broma leyendo algunos rostros;

saber que algo no vuelve en estas naves, aunque el viajero vuelva,

y besar en la frente lo que un día besamos en la boca.

Parece que también será la lágrima, éste volver a Vícam;

preguntar por hermanos, por amigos que no nos esperaron,

y el horror de buscar en una tarde de cal y mezquites;

Severiano, Morita, Crisóforo, Alfonso y Carlos.

Parece que será feliz y trémulo nuestro volver a Vícam,

vagar por los caminos que asolearon el verso de la infancia;

llevar hasta una loma coronada de flores amarillas,

de la mano, los hijos que fundamos sobre lejanas playas,

más allá de las nieves absolutas de selvas y de mares,

y decirles:

ésta es la cuna y éste el peñón exacto;

ésta es la tierra, la amorosa,

la que espera a sus niños.

Aquí esparcen su calcio generoso los huesos de mis padres,

y el calcio va a la hierba y hace al mezquite más generoso y alto.

Así trabajan todavía, quienes nos prestaron su sangre.

Todo será feliz y doloroso, será trémulo y tierno.

Porque volver a Vícam…

Porque volver a Vícam me parece que es retomar el canto.”

Los días que se avecinan me hacen pasar por la T4, el aeropuerto de México DF y el de Hermosillo, como si fueran un paseo al anochecer. Nadie me espera. Me dirijo en solitario al único hotel que conozco en estas tierras, al Gándara, pero volver a Vícam me parece que es retomar el canto.

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junio 23, 2007 - Posted by | Artículos enviados

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